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Toda la noche oyeron pasar pájaros. J. M. Caballero Bonald.


Esta es una de esas lecturas que inclina la balanza. Una vez leída, cuando haya duda a la hora de discriminar entre lo que digan las editoriales o los gustos de millones de lectores, volver a ella devolverá un regusto a literatura que hará fácil discernir entre lo pretérito y lo mortal de aquello que perdurará en el tiempo.
Toda una amalgama de poemas escritos en prosa junto a microrrelatos insertos en grandes historias que urden narraciones violentas y grotescas realizadas con una suavidad espeluznante. Una gama de registros literarios, de silencios que hilvanan capítulos, de circunstancias que tejen a los personajes, que requieren de un lector leedor leyente al tiempo que resulta ser un catón para quien guste de escribir.
La trama, situada en la antigua Argónida, hoy geográficamente relacionada con el Coto de Doñana, parte del asentamiento tras la Guerra Civil de una familia inglesa con intereses en los negocios de la mar.
El resto bien merece leerlo, releerlo y volverlo a leer mientras oyes pasar pájaros toda la noche.




La aventura del tocador de señoras. Eduardo Mendoza.


Lectura entretenida y divertida. Ideal para tiempos en los que la mente no está para embrollos existenciales y sí para evadirse con unas buenas risas proporcionadas por disparatadas coincidencias aderezadas con humor. (Piénsese en una lectura magnífica para días de enfermedad). En ocasiones creo que se estira en demasía  la fruslería al crear situaciones que escapan a esa divisoria que tanto sabe mantener el escritor entre lo real y lo plausible. Un buen ejemplo de ello es el disparo que sufre el alcalde cuya bala le entra por el culo y le sale por la boca y a los días sigue en plena campaña electoral.

Francamente, Frank. Richard Ford.


Francamente Richard, no me gustó.

El pony colorado. John Steinbeck.


Si el lector indaga a través de Google el título de esta lectura en la sección “Imágenes” observará que las distintas editoriales ofrecen una ambientación en sus portadas que predispone a pensar en una obra infantil. Ciertamente, el protagonista, Jody, vive a lo largo de los cuatro capítulos de la novela el tránsito de la infancia a la pubertad, de la inocencia a la realidad. Y la realidad en Salinas, California, una vez conquistado el oeste es dura, tanto que no sería de extrañar al camino que vamos que en un futuro los grupos defensores de animales condenaran su lectura por atentar contra sus principios. Pero en aquellos tiempos las decisiones carecían de la carga ética que actualmente conllevan. No era crueldad. Era actuar de forma adecuada a la realidad de las circunstancias.

Menudas historias de La Historia. Nieves Concostrina.


Lectura entretenida para tener en la mesa de noche. Antes de dormir un par de historias sobre la Historia. Curiosas, divertidas, contadas con rigor pero como quien lo hace entre amigos mientras se toman un café. Con educación pero con desparpajo y en un tono asequible para todos los públicos. Un repaso que refresca la memoria de hechos históricos introducidos en su día a base de nombres y de fechas sin hacernos pensar sobre las circunstancias e intereses que indujeron el que debieran quedar para la posteridad.

Poemas en Prosa. Poemas Humanos. España, aparta de mi este cáliz. Cesar Vallejo


Debe haberme pasado como a aquel universitario del que se dice: ha pasado por la universidad por la universidad no ha pasado por él.
Eso me ha ocurrido. Como sucede con cualquier poesía debe existir un momento para leerla. Instante en el que la mente esté lúcida para encontrar sentido a tanta concreción en las pocas palabras que logran expresar tantos pensamientos. Me ha gustado mucho este: Masa.
Al fin de la batalla, / y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre / y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Se le acercaron dos y repitiéronle: «¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, / clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: «¡Quédate hermano!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

Entonces todos los hombres de la tierra / le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; / incorporóse lentamente, / abrazó al primer hombre; echóse a andar...

Egos revueltos. Juan Cruz Ruiz.


Lleve a cabo la experiencia. Toque, toque. Golpee con su nudillo en la frente del autor. Comprobará que no es osamenta lo que percibe. Es baquelita. De ella estuvieron hechos los teléfonos cuando no sonaban pegados a la mano sino a la pared. Si a continuación le atusa su pelo, en el extremo más occipital de esa caja negra que es su cráneo, notará un cordón umbilical: conecta directamente con Domingo Pérez Minik. Fue don Domingo quien, desde su exilio interior, hizo que Juan Ruiz sacara partido al listado de teléfonos que le diera Marcos Ricardo Bartanán en el Café Gijón de Madrid, fue él quien dio luz a esos ojos ardilosos y le puso en una mano lápiz y papel, y en la otra un magnetofón. Con esa mirada de quien no rompe un plato, la voz aflautada por el asma y la parsimonia canaria ha logrado acercar a miles de lectores sus preferencias literarias. No solo ha entrevistado a los popes de la literatura hispanoamericana sino que ha sido y es amigo de ellos. De esa amistad, de sus manías, de sus egos escribe en este libro. Lo hace de memoria, la lectura viaja y retrocede en el tiempo, salta, tal y como si estuviese jugando a rayuela. En ocasiones se saca de la chistera tres tristes tigres para lograr una conversación en la catedral, o bien se pierde hasta el amanecer por los vericuetos de las barras de los bares de Macondo, whisky en mano, para festejar la fiesta del chivo.
Pero no solo escribe de memoria. El roce hace al escritor. Juan vuelve a región y, arrullado por las olas de Puerto de la Cruz y por el susurro de la brisa de El Médano, logra escribir párrafos tan buenos como los escritos por los egos más revueltos de la historia de la literatura. 

De camino a Babadag. Andrzej Stasiuk


«Una vez le preguntaron a un viejo gitano por qué los gitanos no tenían su propio estado. “Si el estado fuera algo bueno, seguramente los gitanos también lo tendrían” le contestó. Sí, la Europa sin fronteras es un sueño gitano y no hay más que añadir al respecto».
De camino a Babadag va más allá de la mera descripción de un recorrido por carreteras secundarias en busca de otras formas de concebir la vida cotidiana. Entra y sale de países que existieron en el pasado (Rutenia, Silesia, Prusia, Moravia), que son presente (Polonia, Hungría, Eslovenia, Albania, Moldavia) y que son futuro en la actualidad como Transdniéster. Curiosamente el autor lleva siempre en el bolsillo algunas monedas de más por si son requeridas a su paso por las fronteras y algún dólar para los imprevistos más acuciantes. Sin embargo, siempre describe situaciones en las que fue ayudado por los mismos guardias fronterizos para evitar los sobornos. Suerte la de él pues verse  encañonado en una de esas aduanas es experiencia difícil de olvidar, al menos en mi caso, aunque luego la recuerdes con una sonrisa.

De camino hasta llegar al delta del Danubio Stasiuk se convierte en el eslabón perdido entre Kapuscinski y los blogueros viajeros de hoy a la hora de acercarnos unas tierras y unas gentes estigmatizadas por la otra Europa.

La muerte juega a los dados. Clara Obligado.


A veces te llegan lecturas inesperadas. Pides a un amigo un libro de la biblioteca La Orotava y aparece con dos. Este ha sido el caso. Dentro de la lectura de uno metes el otro, cuyo sello: “Páginas de espuma” predispone a disfrutar de buenos relatos. Ya lo dice la contraportada: relatos al límite de la novela. Los primeros van hilando una historia que acaba desapareciendo entre los siguientes, que no estando mal, vienen a cuento más con el título que con la trama inicial, hasta que en los últimos vuelven a aparecer conexiones con la apertura.
También habla la contraportada de “experimental”. Puede que ese aspecto sea el que facilite la impresión de que algunos de los relatos intercalados ya estuvieran escritos y estén insertos porque así lo acordaron editor y autora. 

Crimen. Agustín Espinosa.


Ochenta años después de su publicación buena parte de la lectura de Crimen es fácil de entender y sus contenidos surrealistas son asequibles a la comprensión lectora haciéndose la misma placentera y de admiración ante la capacidad de la mente humana para plasmar por escrito el producto de sinapsis cerebrales que afloren a la realidad desde rizomas neuronales  del subconsciente para convertirse en orquídeas literarias. Desentrañar otros ovillos de la materia gris implica una segunda lectura, y una tercera, y una...
Todo un descubrimiento a pesar de como quien dice nació y vivió aquí al lado.
Como opción para acercarse a este autor leer: Oda a María Ana, Primer premio de Axilas sin depilar 1930.

https://www.yumpu.com/es/document/view/14822331/poesia-surrealista-en-espanolpdf-8771-kb-webnode/97