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El cuaderno de Bento. John Berger.


Por prólogos y por recomendaciones de otros autores un título te lleva a un escritor y a su vez un escritor puede facilitar otros títulos de su preferencia. Este ha sido el caso de este cuaderno. Su inicio, a sabiendas que es un intento por imaginar un supuesto cuaderno del filósofo Spinoza, es raro, pero en los relatos siempre aparece algún destello que anima el seguir leyendo a pesar del interrogatorio permanente sobre si la idea preconcebida obedece a la lectura escogida.
Así, hasta que llega este párrafo que confirma el acierto, al margen de las buenas aguadas y de las reflexiones de Spinoza, de haber elegido esta lectura.

«La cuestión, en realidad, es ¿qué le hemos hecho a la democracia? –dice Arundhati-. ¿En qué la hemos transformado? ¿Qué sucede cuando se la vacía de significado? ¿Qué sucede cuando todas sus instituciones se han metastatizado en algo peligroso? ¿Qué va a suceder ahora que la democracia y el mercado libre se han fusionado en un solo organismo depredador, dotado de una imaginación limitada, estrecha, que prácticamente solo gira en torno a la idea de incrementar al máximo los beneficios? ¿Se puede dar marcha atrás a este proceso? ¿Puede algo que ha mutado volver a ser lo que era?». 

Retratos. Truman Capote.


El libro comienza con un estudio sobre Marlon Brando: El duque en sus dominios. Ayuda a comprender la vida del actor y permite vislumbrar las dotes de Truman Capote. Luego dibuja el perfil de Jane Bowles, Cecil Beaton, Elizabeth Taylor y Marylin Monroe de forma menos extensa pero igualmente precisa. No es hasta sus semblanzas cortas a partir de retratos realizados por Richard Avedon que el escritor es capaz de captar en su conjunto y de forma resumida tanto las intenciones del fotógrafo como la de su retrato y la personalidad del representado. Entre ellos los de John Huston, Charlie Chaplin, Picasso, Chanel, Luis Amstrong, Bogart.

Las hojas muertas. Bárbara Jacobs.


He de confesar que el primer capítulo que lleva por título: Edgar Allan Poe, el Cadillac y la casa, en el que se presenta al protagonista y su entramado familiar, con raíces en el Líbano que se extiende por Estados Unidos y por México, no fue leído con mucho gusto. La forma de puntuar, de exponer el parentesco entre los familiares, la repetición de palabras y de ideas me llevó a optar por lo más fácil: como fue alumna, compañera, esposa y viuda de Augusto Monterroso… Sin embargo, continué y tras su lectura he podido entender el por qué, con su primera novela: Las hojas muertas, Bárbara Jacobs ganó el Premio Xavier Villaurrutia en 1987 y ha sido traducida a varios idiomas.

La vida del protagonista, su capacidad para luchar por las causas justas sin recompensa, de caer y levantarse en sus empresas, de mantener unida a la familia a pesar de las distancias y la forma de abandonar esta vida han facilitado el cambio de opinión.

Las torres de Barchester. Anthony Trollope.


La trama viaja en landó a ritmo victoriano entre las rectorías de un condado inglés imaginario llamado Barchester. Las luchas por ocupar los deanatos, prioratos y obispados se entrelazan con las tensiones amorosas que pretenden abrir una brecha en la moral decimonónica de la época. En sus primeras páginas las vías que comunican el artesonado religioso y sus capellanes, prebendados y archidiáconos hacen la lectura un poco tortuosa pero pronto el trote se acelera y se vuelve entretenida, sobre todo con la capacidad de descripción de los caracteres psicológicos, por parte de Trollope, de los distintos personajes en la búsqueda de mejores rentas tanto económico - religiosas como matrimoniales.

Verso y Prosa. Juan Pérez Delgado. Nijota.


En verso, es Nijota reportero de los aconteceres del pueblo. Su pluma se desliza por los vericuetos más diversos sin renunciar al jabla del mago isleño.
Entrañable lectura de un hombre de porte serio que supo volcar a través de la poesía todo aquello que en la calle acontecía.
De sus páginas se desprenden la canción de Los Sabandeños en torno al intermediario en el negocio frutero y su inquietud por la proliferación de los “Higa” a motor, de las bicicletas, los semáforos y los problemas que ocasionan al peatón. También versa sobre los amores de conveniencia que lejos de serlo mejor sería llamarlos de supervivencia.

En boca de Seña María habla del tipismo canario. De las primeras elecciones y del baile de magos, de la lotería y las vacunas, del por qué la leche va a más si las vacas van a menos, del folklore y de la saltona tartamuda. Curiosa la inauguración de la recova de Santa Cruz, la del teleférico, su mención al Teide y al Festival del Atlántico, a las Fiestas de Invierno y sus máscaras así como a la norma de caminar por una acera para subir y la contraria para bajar o aquella otra lagunera que acabó con los gatos callejeros a gatillo de escopeta mientras en la capital, emulando igual disposición, fueron más tolerantes y metidos en sacas por Anaga fueron a fondear.

Los buscadores de oro. Augusto Monterroso.


Al rescatar de su memoria argumentos más que suficientes, que justifican en la lejanía, los ingredientes necesarios que le llevaron a la escritura, ni Monterroso mismo sabe si fueron o no determinantes.
De familia militar anduvo hasta la adolescencia al son de los dictámenes de las compañías bananeras americanas. Fueron muchos los viajes de ida y vuelta  entre Honduras y Guatemala para acabar afincado en México. Se crió oyendo el sonido de una imprenta y vio las películas del revés en el cine al jugar tras el lienzo donde se proyectaban. Su casa siempre fue arribo de toreros, artistas, escritores, poetas, cantantes y de su abuela y tío oía trozos de Las mil y una noches, de El Quijote, de Rubén Darío.

Ya lo dice el propio don Augusto: «El pequeño mundo que uno se encuentra al nacer es el mismo en cualquier parte en que se nazca; sólo se amplía si uno logra irse a tiempo de donde tiene que irse, físicamente o con la imaginación»

Palinuro de México. Fernando del Paso.


Enciclopedia novelada o novela enciclopédica.
La primera opción obliga a leer algunos párrafos extensos, algo "aburrientes", en los que la mente puede desconectar por sí sola al verse abrumada. Pero también permite valorar la capacidad de conexión del autor con temas tan dispares. Sobre todo en el uso que hace de la historia de la medicina así como de anécdotas vividas por pintores, músicos y filósofos máxime teniendo en cuenta que la obra fue terminada en 1974, antes de que internet pusiese a golpe de tecla tanto conocimiento. ¿Cuántas libretas con anotaciones don Fernando?
La segunda opción es una gozada, continuamente salpicada de conexiones metafóricas hasta el hartazgo, es un canto al uso del lenguaje y a la creatividad del autor cuya propia internet cerebral le facilita asociaciones como: el carcaj de lápices que previamente bebieron en las fuentes del arco iris, para decir que el niño llevaba un estuche de lápices de colores.
En medio, capítulos geniales como el IV: Unas palabras sobre Estefanía, auténtica polifonía erótica. O el XII: La erudición del primo Walter y las manzanas de Tristam Shandy, auténtica polifonía de conocimientos entrelazados. O el XX: La Priapíada,  pura imaginación fálica. O el XXII: Del sentimiento tragicómico de la vida, seguramente la mejor descripción de Londres.
Como conductor entre ambas directrices tenemos a Palinuro, piloto de la nave de Eneas, a través de México. En ocasiones narrador y en otras, protagonista de su propia vida desdoblado a través de las personalidades de sus amigos.

Dice Palinuro que escribir “mamá” dista mucho de escribir. Sin embargo escribir “mamá verde” ya es escribir literatura. Para quien guste de este tipo de figuraciones en número hiperbólico este es un libro colosal.

El origen del mundo. Jorge Edwards.


Una visita al Museo d’Orsay y la contemplación del cuadro: El Origen del Mundo, de Courbet, origina la trama de esta novela. Reconoce en la pintura el doctor Patricio Illanes curvas y ornamento púbico muy similar al de su mujer, Silvia, quien contempla a su vez la pose y llama cochino a su marido por proponerle ser fotografiada en un escorzo similar a edades tan poco juveniles para esos juegos. Ambos tienen como amigo a Felipe, mujeriego, coleccionista de fotos de sus conquistas y gran amigo del matrimonio. La duda, a pesar de los años y de un cuerpo que ya no está para muchos trotes físicos, se instala en el doctor cuando Patricio (Patito en chileno) visita a su amigo y ha de certificar su suicidio al tiempo que halla entre la colección de fotos una tipo carnet de su mujer y otra muy parecida a la del cuadro. El impulso provocado por los celos en busca de la verdad lleva al lector en volandas hasta un final inesperado.
Los recursos del castellano son infinitos. En Chile, país donde nació el escritor, lo pintado por Courbet se conoce como la guatita. 


Estallidos y bombardeos. Wyndham Lewis.


El soldado de la portada representa al típico soldado de la Primera Guerra Mundial. Pero este no es un libro sobre la Gran Guerra. Al menos no lo es en su totalidad. Es una autobiografía en la que Lewis describe su experiencia en esa guerra como oficial al mando de una unidad de artillería y sus peripecias para encontrar lugares de observación y para esconderse en el hueco dejado por el estallido de un obús como lugar más seguro para que el siguiente no le cayese encima.

Pero también trata de otros estallidos. Lewis fue en el catorce, antes de los inicios de la confrontaciónn un artista. Y en esa época un artista tenía la influencia mediática de un futbolista hoy en día. Su revista Blast, autoeditada, sus pinturas, su renuencia a ser encasillado dentro de los Futuristas hasta convertirse en líder de los Vorticistas le hicieron ganar una gran estima y odio social. Publicado en 1937 vaticina hacia dónde va Europa y dedica unos capítulos a quienes fueron sus amigos escritores que junto a él rompieron barreras tal y como lo hiciera Pablo Picasso. Una generación, la de los 14 formada por T.S.Eliot, Ezra Puond y James Joyce.

Ferdydurke. Witold Gombrowicz.


De los tres libros leídos de Witold es Ferdydurke el que por fin más he disfrutado a pesar de lo raro que es.
El protagonista vive en toda la novela episodios en los que sí pero no. En los que quiere ser adulto pero reivindica la juventud como única forma de mantenerse libre y crítico con el resto de los juicios morales que vienen dados por la sociedad. Duda del arte y de las opiniones que crean tendencia sobre los autores y no entiende el por qué hay que plegarse a las corrientes que consagran una obra o la rechazan. Al igual ocurre con la educación, el amor y el servilismo laboral. Lo curioso es que ante esas decisiones Ferdydurke hace elecciones rocambolescas tras dudar enormemente, lo que da un punto cómico a la lectura.
A pesar de este punto su lectura no siempre es fácil. No ya por el número de palabras inventadas sino por su traducción en global. El autor, polaco, quedó exiliado en Argentina ante la invasión Nazi. Esta obra previamente escrita en su idioma natal fue traducida por sus amigos de letras en reuniones con el escritor en torno a una mesa de bar sin diccionario polaco – castellano. Adaptaron las intenciones de lo escrito por Witold con lo aprendido durante veinticinco años de vivencias bonaerenses y las opiniones de sus compañeros.